Domingo 6 de abril de 2014

Quinta semana de cuaresma

Visión cristiana del desarrollo: otras dimensiones

NACIONES UNIDAS bandera

El verdadero desarrollo ha de ser integral

En estas cuatro semanas hemos considerado las desigualdades del desarrollo humano en cuestión de inequidad, pobreza multidimensional, género y medio ambiente, centrando la mirada en los últimos países en cada uno de estos aspectos. Hemos intentado comprender que el desarrollo humano es algo mucho más complejo que los índices que intentan medirlo. Por eso, en esta quinta y última semana de cuaresma y de campaña, el enfoque da un giro. Por una parte, descubriremos otros índices que intentan medir la inabarcable riqueza del desarrollo humano. Por otra parte, en lugar de seguir dirigiendo la mirada a los últimos, esta vez nos fijaremos en algunas realidades estimulantes respecto a estos nuevos índices. Terminaremos así la cuaresma conociendo experiencias positivas que confirman una nueva visión del desarrollo humano.

La Iglesia, que es “experta en humanidad”, posee una voz autorizada para presentar al mundo la visión cristiana del desarrollo humano. En palabras de Pablo VI, El desarrollo no se reduce al simple crecimiento económico. Para ser auténtico, el desarrollo ha de ser integral, es decir, debe promover a todos los hombres y a todo el hombre. (Populorum Progressio 14). Y un poco más adelante: Si proseguir el desarrollo exige un número cada vez mayor de técnicos, aún exige más hombres de pensamiento, capaces de profunda reflexión, que se consagren a buscar el nuevo humanismo que permita al hombre hallarse a sí mismo, asumiendo los valores espirituales superiores del amor, de la amistad, de la oración y de la contemplación. Así es como podrá cumplirse en toda su plenitud el verdadero desarrollo, que es el paso, para todos y cada uno, de unas condiciones de vida menos humanas a condiciones más humanas. (PP 20)

Esta claro que esta concepción supone un determinado concepto de qué es el ser humano. ¿Cuándo somos más humanos y cuándo menos? Los cristianos creemos y sabemos por experiencia que las personas nos desarrollamos como tales cuando amamos. Enrique Lluch lo expresa muy bien en el libro “Más allá del decrecimiento” (p.46): Una persona es más persona, es más humana, cuanto más ama. Así se parece más a Dios -que nos ha creado a su imagen y semejanza-, y ya sabemos que Dios es amor. Este amor no se puede entender sin el otro, de manera que cuando decimos que el progreso o el desarrollo intentan lograr unas condiciones más humanas, nos estamos refiriendo a construir sociedades, grupos o familias en los que las personas puedan amar fácilmente al que tienen al lado y a aquellos que están más alejados para crear relaciones fraternas entre ellos. Este es el norte que debe guiar el progreso, construir sociedades en las que sea fácil amar, ese es el verdadero desarrollo.

He aquí la visión cristiana. El verdadero desarrollo humano ha de facilitar los comportamientos de amor entre las personas que viven en una sociedad. Si tener más supone descuidar a los miembros de nuestra familia, si el nivel de vida de los “países desarrollados” nos impide compartir con los que tienen menos, no estaremos hablando de desarrollo cristiano. Para nosotros, la libertad, los bienes, las formas de gobierno, tienen como finalidad el hacernos más fácil amar a los demás, fomentando “los valores espirituales superiores del amor, de la amistad, de la oración y de la contemplación”.

Naciones Unidas, como lugar de encuentro de los gobiernos de todos los países, tiene el propósito y la responsabilidad de promover un orden internacional en el que todos los pueblos convivamos en armonía, respeto y cooperación. En nuestra oración de hoy, tenemos presentes a todos los que trabajan en esta Organización.

Lecturas de la eucaristía de hoy:

Ezequiel 37, 12-14: Os infundiré mi espíritu y viviréis.

Sal 129: Del Señor viene la misericordia, la redención copiosa.

Rm 8, 8-11: Vosotros no estáis en la carne, sino en el espíritu, ya que el Espíritu de Dios habita en vosotros.

Jn 11, 1-45: Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el

que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre.

Dios uno y trino,

Tú eres Padre, de quien viene la misericordia.

Eres Espíritu, que habita en nosotros.

Eres la Palabra hecha carne en Jesús

para que tengamos resurrección y vida en plenitud.

¡Eres uno en el amor!

¡Que también nosotros, todos los pueblos,

seamos uno contigo en el amor!

Accede a la página web de la campaña

Accede al pdf de la semana

 

 

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