Domingo 30 de marzo de 2014

Cuarta semana de cuaresma

Visión cristiana de la Integridad de la Creaciónfilipinas

FILIPINAS

Población: 98.940.000 h.

IDH: 0,654 (nº 114 de 187)

Índice de Desempeño Medioambiental: 57,4 (nº 42 de 132)

Justicia, Paz e Integridad de la Creación

Comenzamos una semana más en nuestro recorrido cuaresmal junto a los “cuarenta últimos”. Después de abordar los ejes temáticos de la desigualdad, pobreza multidimensional y género, en esta cuarta semana enfocamos la cuestión medioambiental. Desde que tuvo lugar la Asamblea del Consejo Mundial de las Iglesias en Basilea en 1989, a las palabras “Justicia y Paz” se añaden inseparablemente las de “Integridad de la Creación”, pues no es posible una humanidad reconciliada si no lo está también con la Naturaleza.

Para los cristianos, la Creación es, ante todo, un don de Dios, una muestra de su infinito amor y capacidad creadora y un rastro que, en su contemplación, nos lleva al Creador. ¡Señor Dios nuestro, qué admirable es tu nombre en toda la tierra! (Sal 8).

Pero la Creación es también una encomienda que el Señor nos hace a sus hijos. Podemos servirnos de ella para nuestro desarrollo humano integral, pero siempre como “custodios” de una Creación que tiene un equilibrio inherente y de la que no podemos disponer a nuestra voluntad como mero instrumento. Si se desvanece esta visión, se acaba por considerar la naturaleza como un tabú intocable o, al contrario, por abusar de ella. Ambas posturas no son conformes con la visión cristiana de la naturaleza, fruto de la creación de Dios. (Caritas in Veritate 48)

La historia y la reflexión cristiana nos muestra que la ruptura de las relaciones cordiales de los humanos entre sí guardan relación con la ruptura de estos con la Creación. Por eso, la degradación medioambiental no es solo un problema de orden físico sino también moral y espiritual. En el fondo, se trata de una falta de respeto a la vida, a toda vida vegetal o animal. Y una falta de justicia sobre todo con los más pobres, que son los que más sufren las consecuencias del deterioro medioambiental.

Este daño que los seres humanos estamos causando a la Creación está llegando a un peligroso punto de no retorno que afectará a las generaciones venideras. ¿No es de sentido común que debemos dejar este mundo en las mismas condiciones de habitabilidad de como lo hemos encontrado, para que los que van a venir después de nosotros puedan igualmente disfrutar de él? En esto consiste la “solidaridad y justicia intergeneracional”: El uso de los recursos naturales debería hacerse de modo que las ventajas inmediatas no tengan consecuencias negativas para los seres vivientes, humanos o no, del presente y del futuro (Benedicto XVI). Una visión felizmente compartida con la del PNUD: Nos preocupamos por la sostenibilidad ambiental debido a la injusticia intrínseca involucrada en que una generación viva a expensa de las demás (Informe 2011, p. 16).

Filipinas, uno los países del mundo con una naturaleza más privilegiada, fue triste noticia en noviembre de 2013 por el paso del tifón Haiyán, que causó miles de muertos e inmensos daños materiales. Cada vez los huracanes tropicales se presentan con vientos de fuerza más destructora. ¿Resultado del cambio climático? En nuestra oración, hoy tenemos presente a los habitantes de Filipinas, a los que han sufrido este desastre, y a todas las personas que, en ese país y en todo el mundo, han volcado su solidaridad para con las víctimas.

Lecturas de la eucaristía de hoy:

1 S 16, 1b. 6-7. 10-13a: La mirada de Dios no es como la mirada del hombre, pues el hombre mira las apariencias, pero el Señor mira el corazón.

Sal 22: El Señor es mi pastor, nada me falta.

Ef 5, 8-14: No toméis parte en las obras estériles de las tinieblas, sino más bien poniéndolas en evidencia. Pues hasta ahora da vergüenza mencionar las cosas que ellos hacen a escondidas. Pero la luz, denunciándolas, las pone al descubierto

Jn 9, 1-41: Para un juicio he venido yo a este mundo: para que los que no ven, vean, y los que ven, se queden ciegos.

Señor, dueño nuestro,

¡qué admirable es tu nombre en toda la tierra!

¡Gracias por este mundo maravilloso que nos has regalado!

Ayúdanos a apreciarlo y respetarlo

para que los que vengan después de nosotros

lo puedan disfrutar como recién salido de tu mano creadora.

Accede a la página web de la campaña

Accede al pdf de la semana

 

 

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